Crisis de pareja: ¿es normal no soportar a tu pareja en algunos momentos?
Hay días en los que basta con que tu pareja respire «de una forma determinada» para que te hierva la sangre. Días en los que cada gesto, cada comentario, cada silencio te resulta insoportable. Y después llega la culpa: «¿qué me pasa? Yo la quiero / lo quiero, entonces ¿por qué no la aguanto?»
Si has llegado hasta aquí buscando algo como «no aguanto a mi pareja» o «estoy harta de mi marido», quiero decirte algo antes de nada: no eres la única persona que se siente así, y sentirlo no te convierte en mala pareja. Es una de las consultas más habituales que recibimos en el Centro L’amor, y en la mayoría de los casos tiene solución.
Vamos a verlo con calma.
Por qué a veces «no aguantamos» a quien más queremos
No soportar a tu pareja en un momento puntual no significa que hayas dejado de quererla. Suele ser la señal de que algo, dentro de la relación o dentro de ti, necesita atención. Estas son las causas más frecuentes:
Desgaste acumulado por la rutina. Cuando el día a día se llena de tareas, horarios y responsabilidades compartidas, la pareja deja de sentirse como un refugio y empieza a sentirse como «una gestión más». Ese cansancio se traduce en irritabilidad.
Comunicación que se ha ido deteriorand. Muchas discusiones no son sobre lo que parecen ser. Detrás de un «siempre dejas los platos sin fregar» suele haber un «siento que no cuentas conmigo». Cuando no sabemos poner en palabras lo que realmente nos duele, el malestar se acumula y explota por temas pequeños.
Necesidades personales desatendidas. A veces lo que «no soportamos» no es a la otra persona, sino nuestro propio estrés, cansancio o falta de espacio personal, que proyectamos sobre quien tenemos más cerca.
Resentimientos no resueltos. Conflictos antiguos que se dieron por «superados» sin haberlos hablado del todo dejan una huella. Con el tiempo, ese resentimiento sale a la superficie en forma de irritabilidad constante.
Cambios en la conexión emocional o sexual. Cuando la intimidad (emocional o física) se enfría, es habitual que aparezca una sensación de distancia que se puede confundir con «no soportar» al otro.
Crisis pasajera o algo más serio: cómo diferenciarlo
No todas las crisis de pareja son iguales. Este pequeño autotest te puede ayudar a situarte:
Es probable que sea una crisis pasajera si…
- El malestar aparece en momentos concretos de estrés (trabajo, cansancio, cambios vitales).
- Sigues sintiendo cariño y ganas de resolverlo, aunque en el momento estés enfadada/o.
- Cuando habláis con calma, la conexión sigue ahí.
- El conflicto gira en torno a temas puntuales, no a un rechazo generalizado.
Puede ser una señal más profunda si…
- La irritación es constante, no solo en momentos puntuales.
- Sientes indiferencia en lugar de enfado (la indiferencia suele pesar más que el conflicto).
- Evitas la cercanía física o emocional de forma sistemática.
- Hay falta de respeto, desprecio o comportamientos dañinos en la relación.
- Llevas tiempo pensando «esto ya no da para más» y no es la primera vez.
Si te identificas con el segundo bloque, no pasa nada por pararte a mirarlo con ayuda profesional. No significa que la relación esté condenada, significa que merece una revisión honesta.
Qué puedes hacer antes de tirar la toalla
- Ponle nombre a lo que sientes, sin dramatizarlo ni minimizarlo. No es lo mismo «estoy agotada» que «ya no le quiero». Diferenciar ayuda a no tomar decisiones desde el cansancio del momento.
- Habla desde lo que necesitas, no desde el reproche. Cambiar «siempre haces…» por «necesito…» abre la conversación en lugar de cerrarla.
- Reserva tiempo de calidad, no solo tiempo compartido. Convivir no es lo mismo que conectar. Buscar espacios sin pantallas, sin tareas pendientes, ayuda a recuperar la cercanía.
- Revisa qué parte es tuya. No para culpabilizarte, sino para identificar si hay algo (estrés, ansiedad, autoexigencia) que estás depositando en la relación sin darte cuenta.
- Pide ayuda profesional si no consigues salir del bucle solos. No es un fracaso, es una herramienta. Muchas parejas que acuden a terapia no lo hacen porque estén «rotas», sino porque quieren entender qué está pasando y recuperar la conexión.
Cuándo la terapia de pareja puede ayudarte
En el Centro L’amor trabajamos habitualmente con parejas que llegan sintiendo justo esto: agotamiento, irritabilidad constante, sensación de distancia o discusiones que no llevan a ningún sitio. La terapia no busca «quién tiene razón», busca entender qué necesita cada persona y cómo reconstruir la conexión desde ahí.
Varios de nuestros pacientes nos cuentan algo similar: la terapia no resuelve el problema por arte de magia, pero sí ayuda a ver con claridad qué camino seguir para afrontarlo.
Si te sientes identificada o identificado con lo que has leído, no tienes que esperar a que la situación empeore para pedir ayuda.
Artículo redactado por Laura Montero, terapeuta de parejas y directora del Centro L’amor.













